No me gusta apretar el puño mientras me toco el brazo por que creo que me duele el corazón. No me gusta ver como me acobardo cuando una situación me supera.
Nunca he sido débil, todo lo contrario, siempre he sido la mayor, la fuerte, la tranquila, la que llevaba las riendas y no perdía la calma. En cambio ahora, parece que me he hecho de mantequilla. Cualquier cosa, por pequeña que sea, me hace sentirme pequeñita y lo que es peor, depender de que alguien pase su mano por mi hombro prometiendome que todo esta bien. Soy todo lo que juré nunca sería y admiro a quien es como yo era antes. Debo decir que en ocasiones me pregunto quien soy de verdad, sí la de antes o la de ahora, ya no lo se.
Me sorprende ver como me templo ante los problemas de los demás, como soy capaz de mantenerme fría cuando se trata de solucionar alguna cuestión ajena y como me siento realmente cuando el problema lo tengo yo ¿Qué te está pasando Marta? ¿Dónde está tu fuerza? ¿En qué estación o aeropuerto la perdiste? En el mismo que perdí la dignidad... En alguna entré Bilbao y Madrid. Por qué sí, por mucho que me pese, aún me sigue costando aquello. Aún sigo preguntándome como cojones deje que me engañara. Y la quiero, ya lo creo, es mi amiga, pero no se sí seré capaz de perdonarme algún día no haber sabido ver lo que estaba pasando. Yo que tanto se de relaciones, que lo veo todo venir en mi bola de cristal y que nada se me resiste. Tu no tienes ni puta idea de nada niña, y lo peor de todo es que aún ahora te la serían capaz de volver a colar. Por qué sí una señora de 47 años ha sido capaz de conseguir que te creyeras su película y estuvieras tres años invirtiendo energías en una causa perdida ¿que quieres? ¡Menuda torpe!
¿Y sabes lo peor de todo? Que ni siquiera eres capaz de reconocerlo... Encima de débil, insensata y enamoradiza, eres cobarde... Por no decir gilipollas.
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