miércoles, 29 de mayo de 2013

Ella.


Cuantas ellas hay, todos y todas tenemos un el y una ella que nos hacen perder la cabeza en según que circunstancias y por motivos muy diferentes.
Yo quiero hablaros de mi ella que es más ella que ninguna. La he escrito tantas veces que os sorprenderíais, he escrito sobre sus ojos, sobre sus manos, sobre su boca, sobre su ternura, delicadeza y sobre su instinto. La he nombrado hasta el final, mi ella, mi zahir es diferente. No es previsible, no es comparable, tampoco es fácil ni difícil, simplemente juega en otra liga. Mi ella me traslada, me transporta, me evoca todo lo bueno que hay en este mundo y en los 100.000 anteriores. Mi ella es una escalera que jamás terminas de subir, es un conjunto de circunstancias, es un juego de palabras y un intercambio de miradas.
¿Amor? Quizás, no lo se. Mi vida ha cambiado tanto y tan de golpe tantas veces que no puedo estar segura de nada, solo hay una cosa que lleva años caminando a mi lado y es la clara certeza de que seguiría subiendo cada uno de sus escalones hasta el final de mis días, por que os juro que sí la conocierais no perderías ni un solo minuto en algo que no fuera ella.
Cuando habló de mi ella no me refiero a unos ojos, una boca o unas piernas. Cuando me refiero a mi ella intento definir cada uno de los recovecos que se esconden dentro y fuera, trato de inspirar eso que es invisible a los ojos, eso que sólo yo he visto. Yo no deseo pasión y desenfreno al lado de mi ella, yo deseo segundos, minutos, horas y vidas a su lado, mirando sus ojos, alimentándome de su energía y deslumbrada por el brillo que irradia en todas y cada una de sus estrategias.
Por qué mi ella se enfada de manera deslumbrante y pide perdón de manera abrumadora, por que a mi ella es imposible decirle que no a nada.